Puede ser que hayas estado trabajando en un departamento de marketing o de comunicación, o en una agencia. En tu compañía han comenzado con los ajustes y te ha tocado a tí. Has pasado a formar parte de las dolorosas estadísticas del desempleo. Y te has dicho a ti mismo: ¿Por qué no intentarlo? ¿Por qué no emprender? Pues muy fácil: porque no. Las siguientes líneas son un manojo de ideas por los que no habríamos de emprender.
La campaña de comunicación en torno al emprendimiento y a la figura del emprendedor ha sido magnífica. Lavado de cara total. Se ha generado un gran industria económica en torno al emprendimiento. Eventos, jornadas, congresos, gurús que viven exclusivamente de dar consejos sobre ello, consultoras, semilleros de empresas, espacios de coworking… Han conseguido ofrecer una imagen del emprendedor que la verdad, mola mucho: no tienes jefes, te pasas el día haciendo networking, emulas a los mitos de Silcon Valley…. Emprender se ha convertido en algo muy atractivo asociado a unos valores concretos y a un estilo de vida y un estatus determinado.
Eso sí, hoy en día sólo se puede emprender en Internet. El emprendimiento fuera de Internet no existe. Puedes emprender única y exclusivamente si pones en tu BIO de Twitter que eres #CEO de #SocialAnalystbrother y #Socialmediaestrategist gracias al curso de 20 horas de #Communitymanager que hiciste cuando te quedaste en paro. Fuera de Internet no hay espacio para emprender ni para innovar. Y si lo haces, a los gurús de turno no les interesas. Nunca te invitarán a una jornada a explicar lo que haces porque tal vez ofrezcas una imagen distorsionada del emprendimiento, y eso daría al traste con los intereses de muchos. Si no tienes a programadores en plantilla, una oficina con un futbolín y videojuegos y la media de edad de los trabajadores supera los 26 años, eso no es emprender. A nadie la interesará lo que hagas.
Muchos compañeros del sector se han visto afectados por esta nueva situación y ahora no tienen trabajo. Acuden animosos a eventos, jornadas y congresos en los que tuitean lo que dicen los ponentes e intentan hacer algún que otro contacto. Y claro, de tanto escucharlo, se han decidido. Van a emprender. ¿Eres uno de ellos? Entonces es posible que te encuentres en alguna de las siguientes tesituras.
Puede ser que te animes a crear tu propia agencia. Tienes un par de socios y creéis que tenéis una visión de la comunicación mucho más actual que la de vuestros anteriores jefes. Pero la realidad es que muchas pequeñas agencias están desparaeciendo. Las agencias digitales crecen como champiñones sin que esté claro si hay suficiente demanda para tal oferta. Y las grandes las están pasando canutas. No sé qué te hace pensar que algún responsable de marketing va a confiar en ti en vez de en sus experimentados proveedores, y tampoco sé por qué habrías de ganar uno de los pocos concursos públicos que existen hoy en día frente a agencias que tienen el culo pelado de tanto concursar. Igual has hecho algunos contactos de gente que está emprendiendo o que tiene pequeños negocios y piensas que puedes colaborar con ellos. No te emociones, pronto descubriras con que los presupuesode marketing que manejan, no te dará ni para cubrir gastos.
Igual te animas a crear una productora para darle al 3D, a las animaciones y a los vídeos. Pero la verdad es que el mercado no está preparado para ello y no dispone de cash para afrontar proyectos de este tipo. Con suerte os encargarán alguna pequeña producción para colgar en Youtube y tal vez al cabo de unos cuantos años podáis amortizar la inversión que habéis hecho en equipos de grabación, edición y montaje.
Sin duda, la estrella de todos esos congresos por los que desfilan gurús sin parangón es la startup. Y como esto de Internet siempre te ha tirado, juntas a unos cuantos cabezas pensantes y os ponéis a desarrollar una app o una red social que va a ser definitiva. Seguramente ya haya alguien que haya tenido esa idea y te acabarás convirtiendo en un cazador de subvenciones y ayudas públicas que difícilmente podrá desarrollar su negocio. Malvivirás durante un par de años, perderás toda la indemnización de la empresa de la que te despidieron y que decidiste invertir en desarrollar tu negocio, y acabarás poniendo en Linkedin eso de “En búsqueda Activa de empleo”.
Luego está lo de hacerte consultor. En marketing, en comunicación, en branding, en digital, o en lo que surja. Al principio suena bien, luego te darás cuenta de que aunque la demanda es aceptable, la oferta está sobresaturada y la mayoría tienen más experiencia, conocimiento y contactos que tú. Y por lo tanto, clientes.
Si aún así estás decidido a emprender, no te preocupes, aún hay esperanza. Podría ser que se dieran alguna de las condiciones que voy a explicar a continuación. No son garantía de que vayas a poder vivir de tu propio negocio, ni mucho menos de que vayas a tener éxito (signifique lo que signifique “tener éxito”). Pero sin alguna de estas condiciones, estarás perdido.
- La primera condición es que seas David Droga o Toni Segarra. O lo que es lo mismo, que seas el mejor en lo tuyo. Si estás en la zona de la campana de Gaus en la que estamos la mayoría, entonces ni te molestes.
- La segunda es que tengas clientes. Esto es bastante complicado hoy en día pero podría darse la casualidad de que tu jefe decide cerrar el chiringuito, hablas con unos compañeros y decidís que vais a empezar de cero, con una estructura más pequeña y sostenible. Y esos clientes con los que llevas años trabajando mano a mano son una tabla de salvación que te ayudarán a salir adelante (aunque no serán suficiente).
- Otra opción sería que crearas algo totalmente nuevo, que no exista en el mercado, y que sea una necesidad del mismo. Esto no es nada sencillo, porque cuando hablamos de algo totalmente nuevo no me refiero a una nueva forma de entender la comunicación, o una app que dé servicio a unos pocos usuarios (aunque sea realmente útil). La mayoría de las startups o de las nuevas empresas acaban cerrando. Sólo un pequeño porcentaje consigue sobrevivir y muy pocas son protagonistas de flamantes y millonarias adquisiciones. ¿Por qué con tu idea habría de ser diferente? No es una pregunta retórica. Intenta responderla.
Paradójicamente, yo creo que en la vida hay que emprender. Pero emprender no implica necesariamente crear un proyecto empresarial. Emprender es hacer cosas. Es cierto, como no nos cansamos de escuchar, que en nuestro sistema educativo no se nos enseña a emprender. Pero no por el hecho de que hasta hace poco apenas contempláramos la posibilidad de crear nuestra propia empresa, sino porque se nos educaba y se nos educa para que, básicamente, no hagamos nada. Para no equivocarnos, no movernos en la foto, no pensar más de la cuenta y en definitiva no crear demasiados problemas a los poderes establecidos. Emprender es atreverte a hacer cosas. En tu casa, en tu asociación, en tu cuadrilla de amigos, en tu barrio, en tu ciudad, y por supuesto, en la empresa en la que trabajas. Porque sí, los intraemprendedores son esos grandes incomprendidos, pero son mayoría potencial. Y por sus manos y sus mentes pasan buena parte de las posibilidades de progreso y de creación de nuevas oportunidades.
Así que no emprendas. Espera a que escampe. Una vez pase la tormenta, las cosas no volverán a ser como antes, pero la burbuja del emprendimiento se habrá pinchado, el crédito tal vez vuelva a fluir y tú habrás ganado tiempo formándote y preparándote. Estamos pasando de una economía industrial a una economía de base digital (y baja en carbono). A nosotros nos puede la ansiedad, pero este es un proceso largo que llevará varios años. Así que no tengas prisa porque surgirán nuevas oportunidades en un entorno mucho más fiable. Mientras tanto puedes dedicarte a crear eso que algunos llaman marca personal. Otros le llamamos simplemente sentido común. Pero el nombre es lo de menos.


















